VIVIENDO UN SUEÑO

VIVIENDO UN SUEÑO

Esta mañana hace mucho calor, es pegajoso y carga de humedad el ambiente de la cuidad Condal.

Llevo varias horas recorriendo tiendas por la milla de oro, no tengo una idea definida de lo que busco, pero sé que voy a encontrarlo,
Tengo gustos raros, no todo me llama la atención….. Me siento sedienta, cansada de deambular de un lado a otro.
Un rugido de mi estómago me avisa que ya la hora de la comida ha pasado, pero tengo hambre.
Acabo de recordar que hay un pequeño restaurante a pocas calles de aquí, que conocí cuando estuve estudiando, donde siempre están dispuestos a servirte una deliciosa ensalada o una tosta con pan tumaca… no me apetece otra cosa con este calor.
?Camino entre las estrechas calles del barrio gótico hasta toparme con la Catedral y me paro, como si nunca la hubiera visto, a admirar su estructura de piedra y los antiguos enrejados,…..
Al contra luz distingo el viejo y raído toldo verde que parcialmente da sombra, (esas) en las mesas que invitaban a sentarse a los turistas que mientras comen observan la catedral.
Pero yo prefiero subir los cuatro escalones que dan acceso al patio sombrío adornado por las macetas de coloridas flores donde tantas tardes, cuando era estudiante, he pasado en compañía de mis amigas de la universidad.

Al entrar observo que son varias las mesas ocupadas, pero en una esquina hay libre una pequeña para dos.
Me siento un poco extraña sola, es la primera vez vengo aquí así, pero también me siento independiente,..
Mientras escojo qué tosta me apetece, observo cuidadosamente a mi alrededor….Veo subir las escaleras alguien que llama mi atención.
Parece un hombre de negocios con un elegante traje de verano color café. Espero a ver quien lo acompaña llena de curiosidad, pero nadie aparece.
Imaginaba ver detrás de él alguna elegante mujer que lo acompañara, o algún familiar,..
?No es el tipo de hombre que me gusta, pero aquí sola, no sé muy bien por qué razón me ha llamado la atención y comienzo a fantasear qué sucedería si fuera yo la que hubiera estado con él.
Es un hombre de estatura media, blanco, con pelo corto, castaño, de entradas pronunciadas. No es un modelo, pero es un hombre bien formado. Sus pantalones dejan entrever unas buenas piernas,..
Su mirada penetrante, los ojos color miel. Cuando le miro me sonrojo y agacho la mirada esperando que no me haya visto.
Algo me atrae de esta situación, porque no puedo dejar de mirarle furtivamente.

Está muy próximo mi cumpleaños y mi pretexto de venir sola a la ciudad en la que años atrás viví, es para autoregalarme algo.
No voy muy arreglada, pero no me veo tampoco nada mal (Visto zapatos cómodos de color camel, un pantalón de lino, y una blusa de manga larga vaporosa con un pronunciado escote).
Aparento ser más alta de lo que soy, sobrepasando mi 1.70…
?Voy a refrescarme un poco aprovechando que tardan en servirme la bebida. Regreso, y con la mirada busco dónde está sentado el hombre que ha llamado mi atención. Pero no lo veo, y sin disimulo alguno me pongo a buscarlo de nuevo, sin importarme que alguien se de cuenta o no, de lo que estoy haciendo.
De pronto lo veo salir de los baños que hay al fondo del patio, y escondo de nuevo la mirada. Ccuando la levanto mi corazón se dispara al ver que directamente se dirige hacia donde estoy yo…Suspiro aliviada cuando hace un quiebro y se sienta a la mesa que está contigua a la mía. Me ha extrañado en cierto modo este cambio de mesa. Y más cuando veo que ha movido la silla de lugar para poder sentarse de frente a mí dándome la cara.
Él está solo también. ?
Cuando levanto la cabeza me encuentro con su mirada clavada en mí. Me sonrojo, pero (sin embargo) sonrío tímida y pícaramente.
Él me corresponde también con una tímida sonrisa. Sin esperarlo se levanta, se aproxima a mi mesa, y me pregunta si estoy sola. No sé qué responderle pero le digo entre titubeos que sí.
Con educación me pregunta si puede sentarse a acompañarme. Sin palabras asiento con la cabeza como si fuera una nerviosa adolescente. Me dice, a modo de justificación, que no es bueno comer solo, pues se come mas rápido, y esto no es bueno para la salud, pero algo me dice que no le importa demasiado su salud, si no el sentarse aquí conmigo.
Reconozco que es un buen estratega y está siendo osado.

Pide al camarero que le sirva en esta mesa el plato. Su comida ha llegado antes que la mía, y eso que pedí ya hace 15 minutos.
Me da la impresión de que aquí es alguien conocido como habitual.
Amablemente y haciendo gala de su caballerosidad veo que espera a que el mío esté servido. Sse retrasa demasiado y llama al camarero en un tono autoritario. Le dice algo al oído.
Como por arte de magia veo que apresurado trae mi tosta con las lascas de jamón, en la otra mano porta la ensalada, y mientras las deposita en la mesa se deshace en disculpas.
Al ver la comida en la mesa le dedico una sonrisa pícara en agradecimiento a su detalle, me intereso en banal conversación a que se dedica, a si tiene pareja…
Sus respuestas son huidizas y cortas. Aún me parece más misterioso este hombre, pero me hace sentir a gusto su compañía.

No sé cómo ha sucedido pero no me he dado cuenta de que hemos comido, bebido, e incluso tomado un postre…
En mi mano sostengo un sorbete de cava que no sé en qué momento he pedido.
El tiempo ha volado, y es como si el mundo para mí se redujera a esta mesa y al círculo que la circunscribe. No oigo, no veo y no siento nada más allá.
La sobremesa se ha alargado tanto que el reloj marca las siete y tres cuartos con sus campanadas.
A estas horas, he olvidado el objeto de mi bajada a Barcelona desde el pequeño pueblo en el que vivo,
Ahora que me doy cuenta, se ha hecho tan tarde que ya no podré regresar a casa esta noche. La combinación es muy mala.
Con cierto tono de contrariedad se lo comento. Me dice que no me preocupe, que él se ocupará de todo pues se siente culpable de mi distracción.

Mientras llamo por teléfono para que no se preocupen, ha pedido un papel, sacado de su bolsillo interior un bolígrafo elegante de color plateado con grabados y ha escrito algo en él…
Lo desliza sobre la mesa hasta ponerlo a mi alcance y posa el bolígrafo encima, guiñando un ojo al hacerlo.
-“Vale por un cumpleaños. Si aceptas escribe SI”- …….
-“SI, encantada. Gracias”- Escribo y deslizo el papel hacia su lado doblado y prendido por el bolígrafo mientras continuo hablando, sonrío.
Él no me responde como esperaba, y con gesto de jugador de poker con una buena mano se queda impasible y cruza los brazos sin mostrar emoción alguna.
Me acaba de dejar despistada totalmente pero puedo pensar que es parte de este juego de seducción al que me estoy entregando.

Cuando termino de hablar me dice que si puedo ser su guía por un par de horas. No lo entiendo porque como dije parece que yo nada puedo enseñarle. Me dio la impresión de que él ya conoce esta cuidad.
Dos horas llevamos ya dando vueltas de aquí para allá. Me coge del brazo y para un taxi, le ha indicado la dirección de un lujoso hotel que se ubica en el Port Olympic.
Bajo del taxi, me toma el brazo y camino junto a él. Lo saluda el portero, la recepcionista… Subimos en el ascensor hasta la última planta.
Al abrirse las puertas veo que solo hay un corto pasillo y una puerta de hoja doble, que me da la impresión de dar paso a una suite de gran lujo.
Abre un cajón y deja las cosas que lleva en su bolsillo, se quita la chaqueta y la coloca en un galán de noche que se encuentra junto a la cama tamaño King, se remanga y sin cambiarse de ropa, ahora luce más de sport.

Me invita a acompañarle hasta la puerta de nuevo y bajamos al hall en el hay tiendas con firmas de lujo. Me dice que comienza el cumpleaños.
-“No puedo aceptar”- le digo cuando veo que el vestido que me superpone ante un gran espejo ni siquiera lleva etiqueta, lo cual me indica que el precio será disparatado.
Él insiste y me indica con su mirada el estante donde hay zapatos de alto tacón y muy elegantes… -“Elige”- me dice con voz firme.
Me quedo con unas sandalias con pulsera que parecen hechas para este vestido de coctel negro de terciopelo y satén con pedrería de Swarovski que deja unos de mis hombros al descubierto.
Me lo pruebo, y cuando se lo muestro, él me da la vuelta y con delicadeza me recoge el pelo….
Siento su mano en la nuca, un escalofrío me recorre el cuerpo. No soy una mujer fácil, pero cuando esto me ha sucedido, he sentido ganas de darme la vuelta y besarlo profundamente.

Pienso si eso realmente me esta pasando o si es mi imaginación…
Nunca me ha sucedido que un hombre maduro y de dinero se fije en mí, en tal grado que el mismo día de verme, me pague hotel y ropa…
Algo dentro de mí me dice que él es un hombre casado, o que en algún lado tiene familia, y que estas atenciones hacia mí se las cobrará de alguna forma.
Me hace sentir nerviosa ahora esa idea, y me pregunto si no me habré precipitado. Cierro unas décimas de segundo los ojos y trato de autoconvencerme a mí misma pensando: “No te preocupes. Solo pásalo bien, ¡festeja tu cumpleaños!”

Me siento en una nube a pesar de mis nervios cuando de nuevo él me toma por el brazo y nos dirigimos al ascensor.
Mientras subimos él mira al infinito y aprovecho el momento para recorrerle de nuevo de arriba abajo buscando más virtudes que me hayan pasado desapercibidas…
Se arregla la camisa, se ciñe el pantalón, se mira al espejo girando ligeramente la cabeza a uno y otro lado, palpándose la dureza de su barba que aflora en la cara por el paso del día.

Entramos de nuevo en la suite, me sirve una bebida refrescante, se ausenta después y aparece con una enorme toalla mientras me indica con voz autoritaria que me duche y me vista, que deja la ropa sobre la cama, que mi cumpleaños aún no ha comenzado.
Me pregunto cuáles serán sus planes porque cada momento que pasa me siento más confundida, pero a la vez morbosamente atraída y dispuesta.
Este halo de misterio ante el desconocimiento del siguiente minuto me resulta divertido.
Me indica que volverá en unos 40 min y que espera que yo esté del todo lista pues debemos de estar a una hora determinada en un lugar concreto.

Abro la ducha y el agua recorre mi cuerpo. Me enjabono lentamente, y mientras lo hago fantaseo con sus manos recorriendo mi cuerpo. Cierro los ojos cuando éstas alcanzan mi depilado pubis, y cierro las piernas sintiendo una descarga de placer que recorre mi espalda.

Excitada, pero refrescada salgo de la ducha y me seco mientras dirijo mis pasos al dormitorio.
Ahí encuentro el vestido y los zapatos pero ni rastro de ropa interior. Al tomar el vestido hay un pequeño paquete bajo él con un lazo. Es un regalo, parece… Lo abro y, estupefacta veo que es un huevo vibrador negro y de suave tacto, pero en el lugar donde debería de estar el control remoto solo hay un hueco. Sospecho que el juego está en marcha.
No puedo negar que tengo una extraña sensación mezclada, entre nervios y deseo, que en el fondo me resulta agradable. Nunca antes había vivido algo ni parecido.

Llaman a la puerta, y aparece él vestido de etiqueta: un traje negro de fiesta de chaqueta corta, con camisa blanca, fajín y pajarita, con sus zapatos bien lustrados.
Sigo pensando que no es mi tipo de hombre, pero al verle así me resulta atractivo por momentos.
Me mira con gesto serio, se acerca despacio y me rodea observándome. Podría sentirme incomoda pero no es así. Se aleja tres pasos y me tiende la mano. Yo se la entrego y me hace girar como si de un baile se tratara, pero cuando estoy en medio de esa vuelta él me para y mete su mano entre mis nalgas buscando mi entrepierna. Me sobresalto pero no digo una palabra, me siento húmeda al instante.

Me ofrece su brazo sin mediar palabra, y salimos de la suite…
Al llegar al hall un chico le entrega unas llaves, y en la puerta un lujoso masseratti encendido espera con un sonido ronco.
Él me abre la puerta y me invita a sentarme en los lujosos asientos de piel de color rojo. Justo cuando lo hago noto una vibración que en principio he relacionado con el propio coche sin recordar que en mi interior he alojado el regalo que había bajo el vestido. Ahora me doy cuenta de que él es quien lo ha activado en el momento que mi culo ha contactado con el asiento…
Me siento turbada pero me gusta. Empiezo a sentir un disfrute que nunca imaginé.

Conduce con habilidad y ligero entre las calles de la ciudad. Tan solo se escucha el ronco sonido del potente coche.
Durante el camino, ni una palabra, ni una pista… No sé dónde nos dirigimos pero estamos saliendo de Barcelona.

Hace un rato que hemos abandonado la autopista y entrado en una zona boscosa por un camino asfaltado y bien iluminado….
Durante el viaje el huevo no ha parado de vibrar y de cambiar de intensidad. Cada vez que lo ha hecho he intentado ser discreta y he apretado las piernas.
Sin embargo él se ha apercibido de ello y con un gesto calmado ha posado su mano en mi rodilla y apretándome sutilmente me ha indicado que las mantuviera abiertas.
No he llegado a tener ningún orgasmo, porque cuando parece que él se da cuenta de ello, y cuando muerdo mis labios, lo para unos instantes.

Un muro de piedra aparece ante nosotros. Es alto y compacto, y una verja de hierro forjado se abre a medida que nos vamos aproximando lentamente.
Tras ella un camino de tierra compactada, y al final de él una mansión de piedra con un jardín en el que se ven aparcados varias decenas de coches de gran lujo.
Para el motor y se baja rodeando el coche. Me abre galantemente la puerta, y en ese momento el huevo deja de vibrar. No sé si me siento bien o mal por haber cesado esta “tortura”, pero sí que estoy empapada y he dejado rastro sobre el asiento. Él lo ve y me sonríe socarronamente.

Al fondo se escucha una música agradable con ritmo de soul de antaño. Parece que es en directo. Es toda una sorpresa.
Un caballero se acerca, él lo abraza efusivamente. Tras el abrazo las presentaciones. Cuando éste me toma la mano para mostrarme sus respetos, el huevo comienza de nuevo vibrar en mi interior y me siento avergonzada.
Él me mira atentamente. Menos mal que el caballero no parece haberse dado cuenta de lo que me está sucediendo.
Nos pide que le sigamos y cruzamos un patio interior de la lujosa casa.
Tras subir unas escaleras, lucho por mantener la compostura, y al mismo tiempo el huevo en mi interior sin perderlo, pues no deja de vibrar ahora en todo el recorrido.

No me había engañado mi percepción: en un jardín trasero hay un escenario alumbrado por candilejas, y una banda de clásica de seis miembros interpreta melodías de soul.
Ante ellos media centena de personas distribuidas sin orden escuchan las composiciones.

A nosotros, el caballero nos ofrece un asiento en una especie de diván en el que ambos compartimos espacio. Nos deja solos.
Un camarero acerca una cubitera con una botella de Champan francés y dos copas. La deja a nuestro lado discretamente sin mirarnos siquiera… Él me entrega una y me sirve.
Su mano se posa en mi rodilla y acaricia mi muslo con delicadeza haciéndome sentir aún más excitada, mis piernas tiemblan ahora…
Él se acerca, intuyo que quiere besarme y cierro los ojos, pero lo que hace es morderme el labio inferior mientras cambia el ritmo de la vibración…
Deliro, gritaría pero ahogo ese instinto sin dejar de sentir cómo mi pulso se acelera y cierro los muslos atrapando su mano que pugna por llegar mas cerca de mi sexo ardiente.
Mis piernas rozan las suyas, mi cuerpo se acerca al hacerlo, escucho como murmura algunas de las canciones, cada vez mas cerca de mi oído. Permanezco con los ojos cerrados.
Me separo, tomo un trago del champan. Él me sujeta la mandíbula, me besa, toma mi mano y bruscamente tira de mí arrancándome del sitio literalmente.
No ofrezco ninguna resistencia. Camino tras él sintiéndome cada vez mas mojada y deseosa de que suceda lo que tenga que suceder. Solo se vive una vez.

Entra en la casa, parece conocerla a la perfección…
Bajamos unas escaleras, parece el acceso a la bodega… Siento que una corriente fría viene de abajo hacia arriba y recorre mis muslos, noto el frío aire en mi coño desnudo.

Un pasillo estrecho entre muros de piedra alumbrados por tenues luces conducen a una estancia en la que descansan los caldos…
Me pone contra la pared violentamente y sujetando mis manos por encima de la cabeza. Su otra mano enreda entre mi entrepierna, sacando de mí gemidos sordos que se escuchan con eco en el silencio de esa caverna.
Mis piernas ceden ante sus deseos y sus dedos extraen hábilmente el huevo. Lo deposita en mi boca sin que deje de vibrar….
Sus dedos se deslizan ahora dentro de mi palpitante sexo, mis rodillas comienzan a temblar, él permanece en silencio.
Frenéticamente me masturba hasta que estallo en un squirt, y al abrir la boca, esto hace que el huevo caiga…

Su pantalón está abultado, me pone de rodillas ante él, me obliga a apoyar mi cara sobre su entrepierna que siento palpitar.
Siento deseos de llevar su polla a mi boca pero él parece retrasar el momento. Deja libres mis manos y se apoya en la pared dejándome a mí encerrada y sin salida, agachada, sin más camino ni remedio que hacer lo que deseo y deseando que a él le agrade….
Despacio desabrocho los botones de su pantalón y libero su pene, lo llevo con ansia a mi boca….
Sujeta entonces mi cabeza no permitiéndome más que saborear su capullo muy hinchado y vigoroso.
Sin prisas va dejando que mi boca sea mas profunda para recibirlo y cuando le siento respirar agitado introduzco su polla hasta el fondo y…
Aguardo su descarga, le miro desde abajo con los ojos llenos de lagrimas, me ahogo pero él no me sujeta, soy yo quien quiero darle este momento…
Estalla dentro de mí. Han pasado tan solo unos segundos.

Me levanta con delicadeza, me pone contra la pared, mientras desenrolla su fajín besando mi nuca. Apoya su sexo en mis nalgas desnudas, siento su excitación plenamente.
Ata mis manos a uno de los estantes por encima de mi cabeza, enrolla el vestido para asegurarlo metiéndolo hacia dentro, y una de sus manos se posa en mi vientre.
Pone uno de sus pies tras mis tacones y me obliga a separarme del estante respingando mi culo…
Su mano acaricia mi nalga. Sin esperarlo, la separa y deja caer sobre ella un azote hueco y sonoro. Siento que me voy a desmayar, inclino la cabeza hacia atrás…
Le pido susurrando que lo haga de nuevo…
Lo repite con más fuerza. Deja unos segundos antes de darme otra nalgada, otra y otra más. Alterna las nalgas, susurra palabras que no logro entender en mi oído, pero sí que distingo su agitada respiración.
Cada azote va haciendo que me sienta más próxima a explotar de placer y noto como mi sexo vibra tras el momento del impacto.
El eco del lugar le da un sonido especial.
Me corro entre gemidos y algún grito que escapa de mi garganta sin poderlo contener.
Deja de azotarme. Se pega a mi espalda sujetándome por la cintura. Noto como su polla palpita, como a mi piel llega esa humedad caliente que me dice que también ha tenido un orgasmo.

Me desata y volvemos al jardín como si nada hubiera pasado. Nadie nos mira, cada uno esta pendiente solo de sus propios asuntos.
Nos sentamos otra vez en el diván. Frente a él han dejado una bandeja de canapés salados y otra a su lado más pequeña con dulces…
Una nueva botella de champán está esperando en la cubitera.
Comemos y bebemos escuchando ahora melodías de jazz. El grupo de músicos ha cambiado aunque alguno de los anteriores repite escenario.
Charlamos distendidamente pero no hacemos ni una sola mención de lo que ha pasado.

Son las dos de la mad**gada cuando nos despedimos del caballero que ha sido nuestro anfitrión y nos desea que la velada haya sido de nuestro agrado.
“Mucho” pienso yo. Nunca había tenido un cumpleaños semejante.

En el coche, camino de Barcelona, me doy cuenta que no he recogido el huevo cuando cayó en la bodega y se lo hago saber avergonzada.
Sonríe y de su bolsillo lo saca envuelto en un pañuelo blanco de hilo que lleva bordadas lo que supongo son sus iniciales en hilo dorado.
Tengo ansia por llegar al hotel. Me falta culminar esta noche, necesito sentir algo más, deseo follar con él.
Me dice mientras toca su nuca que esta cansado y le duele el cuello.
Pienso que no hay mejor disculpa que darle un masaje al llegar, buscando de que acabe la velada del modo que deseo desde que salimos de la mansión.

Por fin llegamos al hotel. Entre nervios y deseo nos encaminamos a la suite. Recuerdo en ese momento que en mi bolso tengo aceite en vez de crema corporal,
Voy a buscarla y regreso, desabrocho su camisa, él se deja hacer.
Mi mano recorre su torso desnudo, lo invito con una sonrisa pícara a que se tumbe boca abajo en la cama.
Masajeo su cuello lentamente y él suspira. Tras un rato recorro su espalda sentada a horcajadas sobre sus nalgas y percibo como se tensa.
Mi respiración se hace más rápida y parece acompasarse con la suya. Él se da la vuelta y me coloca bajo él.
Su mano recala en mi sexo, lo encuentra empapado y libera el suyo de su cautiverio sin llegar a quitarse los pantalones…
Me folla sin ninguna piedad.
Es más de lo que hubiera esperado. Lo deseo, me abrazo a su cuello y con cada embestida levanto mis caderas para recibirlo, hasta que él se deja caer sobre mí… Se corre entre mis piernas y al tiempo muerde mis pezones provocando mi orgasmo con ello.
Se recuesta a mi lado y me arrodillo junto a él. Acaricio con mis manos su polla aún erecta, siento como crece, llevo mi boca hasta ella, y cuando lo hago me fuerza la cabeza hasta sentirla en el fondo, folla mi garganta sin cambiar su postura hasta correrse de nuevo.
Tira de mi pelo y me recuesta a su lado, me rodea con el brazo y me besa en la boca sin reparo acariciando mi nuca.
Varios minutos después dejo de sentir su mano acariciando mi espalda. Se ha quedado dormido.

Los rayos de las primeras luces entran por el gran ventanal que se asoma al Mediterraneo. Iiuminan, como en los cuadros de Sorolla, mi cuerpo desnudo sobre la cama junto al suyo.

Él continúa dormido y le observo con los ojos medio cerrados. Siento un poco de tristeza si pienso que con las luces del día este sueño se termina, y caminaré sola mientras me dirijo a tomar el tren que me lleve de nuevo al pequeño pueblo donde vivo.

He pasado dos horas mirándolo y ahora parece que despierta. Me hago la dormida, él se incorpora un poco y me besa los hombros….
Yo me sacudo un poco como si me hiciera la dormida, él juega con mi cabello y cuando me doy la vuelta me besa los labios y me sonríe.
Ata mis brazos al cabecero de la cama y levantando mis piernas me penetra profundamente sin ningún otro previo hasta que ambos estallamos entre gemidos y gritos de placer….
Después reposa sobre mí durante unos instantes, me desata…
Se incorpora y levanta de la cama, tiende su mano y me invita a acompañarle a la ducha que tomamos entre besos y caricias mientras nos enjabonamos.

Me visto con la ropa que había venido. Guarda doblándolo con delicadeza en la bolsa de la boutique, el vestido y también el calzado. Me lo ofrece.
Bajamos juntos a desayunar. Estoy seria pero él no me pregunta la razón, como si no le importara.
Se ofrece a llevarme a la estación y me pregunta donde vivo.
Cuando se lo digo observo que cambia de dirección, y en vez de llevarme a la estación salimos de la ciudad y toma la carretera que me lleva al pueblo donde vivo, a un par de horas de camino de aquí.

Al llegar me pregunta si me apetecería volver a verle y asiento con la cabeza.
Le hago participe de que llegué a pensar que esa noche había sido un sueño efímero que no tendría continuidad, sonrío…
Me pregunta si ésa era la causa de que estuviera tan seria. Le respondo que sí y él acaricia mi cara, me besa fugazmente.

Me da su teléfono, me dice que tiene negocios que arreglar, que le diga cuál es el mío y en cuanto lo tenga arreglado me llamará. Que en un par de días se ausentará por unas semanas del país pero que me promete que volverá, que cuando lo haga nos veremos de nuevo.

Mi ánimo al escucharlo ha cambiado por completo y deseo con ansia esa llamada de un hombre que tan inesperadamente ha entrado en mi vida y me ha hecho sentirme VIVA!!!!.

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