Una tarde con Susanna (y III)

Una tarde con Susanna (y III)
La ducha que nos tomamos Susanna y yo después de la mamada que le había hecho nos sentó de maravilla. Nos tomamos todo el tiempo del mundo bajo el agua caliente, aprovechando cada instante para abrazarnos, reírnos, besarnos, bromear… y tiempo que, por supuesto, me dediqué a acariciar cada milímetro de su perfecto cuerpo. No terminaba de creer que todo esto estuviera pasando.

Terminamos de ducharnos, nos secamos, y nos dirigimos a su cuarto. Aún seguía la película de “El Tesoro de Sierra Madre” en la tele, ni nos acordábamos ya de que habíamos quedado para ver una película. Por los diálogos que escuché, el trágico final de la película estaba cerca:
-Anda, nene, ponte cómodo en mi cuarto, que voy a ponerme algo.

Susanna se fue, y me dejó allí tumbado en la cama, tapado tan solo por una toalla. Esos momentos de soledad los aproveché para recordar las intensas experiencias que había vivido esa misma tarde: los besos de Susanna, su polla contra la mía corriéndose a la vez, la sensación de su verga creciendo en mi boca, y sobre todo, el borbotón de su leche bajando por mi garganta. No pude evitarlo, bajo la toalla comenzaba a empalmarme de nuevo.

Estaba tan absorto en mis vivencias que no me di cuenta que de Susanna estaba en la puerta, sonriendo con travesura, mientras se mordía con sensualidad el labio inferior. Me quedé sin habla, pues llevaba puesto un corsé de color rojo con encajes negros, combinado con un delicioso tanguita a juego, y unas medias negras con liguero que le quedaban de muerte:
-¿No me vas a decir nada, guapo?- preguntó, al ver que era incapaz de articular palabra.

Echó su cabeza hacia un lado, tan sugestiva, tan erótica… y avanzó unos pasos hacia la cama. Sus caderas se contoneaban lentamente, mientras ella tenía la mirada clavada en mí. Una vez a los pies de la cama, comenzó a recorrer con sus manos su cuerpo, mientras bailaba tímidamente, marcado todo con una respiración profunda. Ladeaba la cabeza con los ojos cerrados, sus dedos acariciaban sus labios, y los mordía lenta y sensualmente. Me estaba seduciendo, y lo estaba consiguiendo.

Me levanté poco a poco de la cama, y me dirigí hacia ella, a abrazarla por la espalda, de forma que mis manos y las suyas podíamos recorrer lentamente su suave cuerpo. Le besaba suavemente el cuello, le susurraba al oído lo bella que estaba, y con la punta de mi lengua recorría la parte superior de su espalda. Su respiración era cada vez más intensa, y sólo podía decirme, entre susurros “¡Sigue, cariño, sigue!”.
Me puse frente a ella, la cogí por la cintura y la miré fijamente a los ojos. Nos observamos el uno al otro durante varios minutos con una pasión ardiente. No habría más de 10 centímetros entre Susanna y yo. Pude sentir como respiraba, cómo olía, y lo que aquella mirada me estaba pidiendo una y otra vez, “Hazme tuya”.
Poco a poco me fui acercando a su boca. Ella se percató, y comenzó a cerrar los ojos y a abrir tímidamente sus labios rosados. Fue un beso ligero, suave, rozando mis labios contra los suyos, tocando con la punta de mi lengua la suya.
Ese beso fue ganando en intensidad, en fogosidad, y conforme ocurría, más fuerte la apretaba contra mí. La fui girando poco a poco hacia la cama, y con delicadeza la tumbé mientras la seguía besando.

Y allí la tenía, entre mis brazos, tumbada en la cama… una belleza indescriptible. Nos besamos durante varios minutos, sin ningún tipo de prisa. La fogosidad inicial del primer encuentro dio paso a una serenidad y unas ganas de disfrutar de cada segundo que hicieron que cada beso fuera mejor que el anterior y que cada caricia fuera más tierna que la que le precedía.

Susanna iba recorriendo mi cuerpo con sus labios, deteniéndose en mis pezones para mordisquearlos y juguetear con ellos. Trazó pequeños círculos con su lengua en mi ombligo, y mientras iba apartando lentamente la toalla que me cubría, iba besando con placer cada centímetro de mi piel.
Mi polla, que ya estaba dura como una piedra desde hacía un rato, estuvo a punto de estallar, cuando los labios de Susanna acariciaron mi glande, y con calma empezó a hacerme una mamada, mientras con sus ojos observaba como me iba derritiendo de placer. Sus manos acariciaban mis huevos con delicadeza. El placer que estaba sintiendo era inmenso, cada vez mayor, y sabía que, de seguir con esos movimientos de lengua y de manos, bien poco iba a aguantar sin correrme:
-¿Quieres otro, nene?- Se detuvo ella para preguntar
-¿O… otro qué?- Apenas podía articular palabra del placer que estaba sintiendo.
-¿Quieres que te meta otro dedo? Ya llevas dos.

Por fin lo comprendí todo; esa excitación tan intensa que estaba sintiendo era porque ella me estaba metiendo poco a poco los dedos en mi culo, uno, dos… Y el tercero entró sin problema, poniéndome aún más cachondo, mientras sentía como la calida boca de Susanna me apretaba la polla a punto de reventar:
-¡Mmm… meee voy a correeer!- balbuceé a duras penas
-¡Ni lo sueñes!- paró bruscamente la mamada-, aún me tienes que follar antes de que te corras

Y se arrastró lentamente hacía mi, y se sentó sobre mi polla, mientras movía sus caderas como si la estuviera follando. Ella apretaba con fuerza mi pecho y me clavaba las uñas mientras me miraba con cara de traviesa.
La besé con fuerza y poco a poco, mientras la acariciaba con todo mi cuerpo desnudo, la fui colocando debajo de mí. Por un instante pensé en desnudarla, pero el conjunto le sentaba muy bien, estaba tan sexy con esa cara de inocente que descarté la idea y continué besándola poco a poco, desde el cuello, hasta las piernas. La agarré fuertemente con mis brazos y la giré bruscamente, colocándola boca abajo en la cama. Susanna gimió de placer.
Aparté a un lado el hilo del tanga que tan bien le sentaba, y le besé su culito con intensidad, dejando que mi lengua salivara cada pequeño pliegue que me iba encontrando en esa delicia que poseía.
Sentía como ella apretaba sus nalgas en mi cara, señal de que estaba disfrutando con lo que le estaba haciendo. Aprovechando las embestidas que ella me propinaba, aproveché para introducir la punta de mi lengua en su culito:
-¡Fóllame ya! ¿A qué esperas?- Susanna amagó con darme un coscorrón.

Me incorporé, la coloqué a cuatro patas sobre la cama, y puse mi polla en su agujerito. Podía notar como poco a poco, su culo se iba tragando mi verga, y cuando quise darme cuenta, ya estaba la mitad dentro de ella, que cada vez jadeaba más y más. Mis primeras embestidas fueron suaves, pero comparadas con los fuertes movimientos de cadera que ella daba, comencé a aumentar la intensidad. En unos instantes, toda mi polla estaba dentro, y entraba y salía con fuerza, mientras me echaba sobre su espalda, y le preguntaba si quería más.

No me lo podía creer, me estaba follando a Susanna, la sexy Susanna con ese conjunto rojo y negro que le sentaba de maravilla. Ambos gemíamos de placer, nos retorcíamos uno sobre el otro mientras mis caderas bombeaban su suave culo.

Saqué mi polla, y rápidamente puse a mi chica boca arriba. Con la ayuda de un cojín bajo sus riñones, y haciendo gala de una flexibilidad increíble, Susanna colocó las piernas por detrás de sus brazos, de manera que quedó su culo en una posición inmejorable para seguir siendo follada mientras podía verla de frente:
-Quiero que me veas cuando me corra dentro de ti…

Los ojos de Susanna se tornaron blancos de placer, y asintió levemente. Volví a meter mi polla en su culo, poco a poco, con esa indescriptible sensación de placer que recorría mi espalda al sentir de nuevo su calor rodeando mi nabo.
Mientras me la follaba, podía ver su cara, su expresión de delicia disfrutando de aquel momento. Podía besarla, podía morderle el cuello mientras metía todo el cipote hasta lo más profundo de su culo. Me encantaba esa posición, era puro placer.
Hubo un momento en el que separé mi cuerpo del de Susanna, y me fijé que su polla asomaba por encima del tanga… y que se había corrido, pues había una pequeña mancha de semen sobre su corsé. No sé cuando ocurrió eso, pero desde luego, ella no quería que parara de follarla. De repente, otro pequeño hilo de semen salió de su verga.
Aquello fue demasiado para mi, y empecé a correrme dentro de ella. Mis músculos se tensaron mientras sentía que descargaba una cantidad increíble de leche en su culo. Ambos nos convulsionábamos mientras el orgasmo se hacía eternamente placentero:
-¡Mmmm! Quiero tu leche…- murmuró mientras el éxtasis se apagaba

Entendí su petición, así que poco a poco saqué mi polla de su culo, y acerqué mi boca, justo antes de que saliera de él el primer borbotón de leche, que recogí con mi lengua, mientras jugueteaba con su ano. No dejé ni una gota caer fuera, y con placer, me acerqué lentamente a la boca de Susanna para satisfacer su deseo. El broche final para una maravillosa tarde con Susanna.

Gracias Susana,mi nena… sin ti, nada de esto habría sido posible
Thanks Susana, my darling… without you, none of this could have been possible. Love you

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