Sometido a sus caprichos

Sometido a sus caprichos
Me llamo Fran, tengo 22 años y hace poco una mujer 20 años mayor que yo, consiguió convertirme en su cerdo, en su puta, en su juguete. Desde siempre he tenido deseos de ser sometido, el sexo vainilla no me satisfacía. Pero estaba demasiado asustado de probar algo más “extremo”, temía que me gustase demasiado y que una vez lo probase, nunca jamás podría tener una relación normal,sino que necesitaría ser dominado para sentirme completo. También temía que no me gustase nada, y acabase en una situación nada agradable, atado y amordazado, sin poder huir ni suplicar que parasen. Sin embargo, tuve la suerte de conocer a una mujer, todo comenzó con un poco de coqueteo por su parte, y acabó conmigo encerrado en su casa.

Era verano, acababa de terminar el curso en la universidad al par que la relación con mi novia. En mi corazón sólo tenía el deseo de ser dominado y con ella no conseguía lo que necesitaba. Para superar este sentimiento de vacío e intentar de usar el tiempo que pasaba masturbándome con que me escupan en la cara y me follen el culo, en algo más productivo, me apunte a un curso de verano de fotografía, y dar uso a una cámara que regalaron en mi cumpleaños hace mes y medio.

Al llegar el primer día de clase, y entrar en el aula, me di cuenta de que eso no me iba a servir para olvidarme de mis perversiones. En la clase sólo había mujeres, de todos los tipos y de todas las edades. Con lo cachondo que estaba no podía concentrarme en otra cosa que no fuese en los pies de mis compañeras y de mi profesora, pleno verano, en sandalias, se veían los pies perfectamente, como movían los dedos, en mi mente sólo me visualizada con sus pies metidos en mi boca y con sus sandalias pisándome los huevos.

En especial me fijé en una de ellas, que parecía observarme de vez en cuando. Cuando intentaba girarme disimuladamente para echar un vistazo a los pies que estaban detrás de mi, mi mirada se cruzaba con una de ellas. Una mujer madura, media melena, rubia, pelo rizado, ojos grandes, labios rojos y carnosos. Iba con ropa ajustada, no dejaba ver mucho, pero su mirada lo decía todo. Sentía que me había descubierto y rápidamente miré al frente. Su mirada no se iba de mi cabeza, parecía que me estaba hablando decía “sé lo que estás pensando y me gusta”. Necesitaba verla otra vez, y al darme la vuelta vi como se quitaba las sandalias mirándome fijamente. Estiraba los dedos, se tocaba los pies y me seguía mirando. Sentí que estaba siendo poco discreto e intente prestar atención a la clase hasta que acabase. Había sido capaz de memorizar sus pies uno por uno pero no aprendí nada sobre la clase.

Al finalizar la clase ella preguntó si alguien quería ir a tomar algo, así nos conoceríamos mejor. Vi que nadie se quería ir, yo era demasiado tímido y pensé que siendo ella y yo solos sería más fácil hablar, no habría tanta gente con la que sentirse incómodo, además parecía que a ella le gustaban las mismas cosas que a mi. Justo cuando dije que yo me apuntaba, otra persona también lo hizo, también tendría unos 20 años más que yo. Ya no me quedaba otra, tenía que ir, esperaba que no me provocase más con sus miradas ni con sus pies.

Ya en el bar nos presentamos, sólo me intereso el nombre de ella: Laura. Sonaba bien en mi cabeza. “Si Ama Laura”. Luego conversaron un poco.

Laura: ¿Por qué os habéis apuntado a este curso?

Mujer: A mi marido también le gusta la fotografía y quería aprender algo por mi cuenta.

Yo: No tenía nada que hacer en verano.

Laura: Pues menuda suerte has tenido, con tanta mujer no te van a sobrar cosas que hacer.

La otra mujer no supo qué cara poner a ese comentario, y sólo supo hacerle una pregunta: ¿Y tú por qué quieres aprender fotografía?

Laura: Yo ya sé fotografía, estoy aquí para cazar yogurines- Tras decir eso comenzó a reírse y yo me puse muy nervioso. Al rato la otra chica, empezó a reírse también, pero algo más nerviosa e incómoda. Por fin Laura siguió hablando: Es broma, estoy como Fran, no tenía nada que hacer nada en verano. Cuántas cosas tenemos en común ¿no Fran?

Me lanzó una mirada de complicidad, como diciéndome que sabía qué fantasías tan guarras tenía ya en mi cabeza sobre ella. Yo sólo supe reírme un poco y poner una excusa para poder irme después de acabar mi copa.

En las siguientes clases todos nos fuimos conociendo, todos pensaban que Laura era un poco rara, a veces ligeramente agresiva. Siempre que alguien se sentaba a mi lado ella pedía de malas formas que se cambiase de lugar, ya que ese era su sitio. Y cuando hablaba a solas con alguna, Laura aparecía, como marcando territorio. Aún no habíamos hecho nada más que hablar, pero he de decir que me ponía mucho que desde tan pronto marcase territorio, me hiciera sentir suyo sin haberme tocado, sólo con pequeñas acciones. Me visualizaba con ella, como un perro, con collar y correa, comiendo del suelo sus sobras. Viviendo como su mascota, un tapón con forma de cola en el culo, tener prohibido hablar y desobedecerla, estar desnudo siempre delante de ella. Pensaba en dormir a sus pies, en tener que darle placer cada mañana con mi lengua, mientras con un aparato, me freía los huevos… Tantas cosas me venían a la cabeza que pasaba el día con la polla dura, y babeando literalemente por ella. Soñaba con el sonido de los tacones que llevaba en clase todos los días, con las veces que “accidentalmente” me rozaba con sus pies.

Por fin se acabaron las clases teóricas y salimos fuera, por parejas, para practicar con la cámara. Por supuesto, todos daban por hecho que Laura y yo íbamos juntos. Nos plantearon un pequeño trabajo, teníamos que hacer una serie de fotos intentando retratar la forma en la que percibimos a la otra persona. Mi corazón latía tan fuerte que sentía que se me salía del pecho. Con este trabajo íbamos a tener que quedar para poder hacerlo, a solas. Y estaba claro que me iba a invitar a su casa.

Laura: Mañana quedamos a las 11:00 en mi casa, y no pienses mucho qué fotos vas a hacer que ya sé lo que quiero. Y prepárate para las tuyas.- Todo esto lo dijo con una sonrisa en la cara. Yo me quedé con la boca abierta y no sabía qué hacer después de eso. Me quedé quieto y al llegar a casa no podía ni recordar como había llegado. Todo el camino había estado pensando qué me haría y mi mente no podía estar en otra cosa. No pude cenar ni dormir. Al día siguiente llegué una hora antes a su casa. No podía esperar y llamé a la puerta, me abrió la puerta en ropa interior y descalza. Desde que entré en su casa no pensé por un momento que fuésemos a hacer fotos.

Laura: Como has llegado tan pronto no he desayunado, hazme un café y súbelo a mi cuarto, voy a cambiarme mientras.

Yo estaba alucinando, me excitaban muchas cosas pero no sabía que el simple hecho de ocuparme de su desayuno iba a excitarme tanto. Estaba petrificado, ella ya no parecía real.

Laura: No te pongas así, sé que te encanta, igual que mis pies. Están descalzos, voy a necesitar unos zapatos, busca en ese zapatero de allí.-Se hizo un silencio- ¿Vas a decir algo?

Yo: Si Ama.- Sólo salieron de mi boca esas palabras, las mismas que repetía en cada una de mis fantasías, fantasías que parecían hacerse realidad.

Ama Laura: ¡Vaya! Sabía que te gustaba el femdom, pero no sabía que ya te tenía tan dominado jajaja Vas a pasarlo bien hasta mañana…

Yo: ¿Hasta mañana?

Ama Laura se acercó a la puerta, la cerró con llave y mientras subía las escaleras dijo: Si, vamos a necesitar todo un día para las fotos, tengo muchas en cosas en mente para hacerte y para fotografiar. Y ya que me has llamado Ama por primera vez, que no se te olvide repetirlo al final de cada frase, me ha puesto cachonda que me llamaras eso tan pronto.

Yo: Si Ama.

Ama Laura: Así me gusta, parece que tienes madera de esclavo, podré hacer lo que quiera contigo.

Me sentía como en un sueño, flotando entre nubes, no podía decir ni una palabra. Me miró y se fue riendo. Yo sólo pude empezar a preparar el café y buscarle unos zapatos. Cogí dos pares, unos zapatos para estar por casa, y unos tacones, no sabía qué tenía en su mente, así que cogí ambos por si a caso.

Cuando hube preparado todo, subí por las escaleras y fui por un pasillo oscuro, en dirección a una luz roja que salía por una puerta, como un mosquito. Y allí estaba, sentada a los pies de la cama, con las piernas cruzadas, balanceando su pie derecho a la espera de su calzado.

Ama Laura: Deja de mirar y entra. – Obedecí y me acerqué a ella. Extendí mis manos para ofrecerle el café.- ¡Así no! Te tienes que poner de rodillas para ofrecerme el café.

Yo: Si Ama.- De repente me dio un fuerte bofetón.

Ama Laura: “Sí Ama, lo siento”. La bofetada es para que aprendas.

Yo: Si Ama, lo siento.

Ama Laura: Muy bien perrito.-Sonrió y volví a ofrecerle el café con las manos extendidas y las rodillas en el suelo.

La verdad es que la bofetada no fue para nada excitante, la situación en sí lo era. Una mujer madura, en ropa interior y descalza. Yo, de rodillas y sometido sin haberme dado cuenta. Con su pie balanceándose cerca de mi cara. Ni en mis mejores sueños. Y llevaba unos zapatos para calzarle. Le tocaría los pies, algo que nunca he hecho. Una nimiedad como esa era suficiente para hacerme perder los sentidos.

Ama Laura: Veo que me has traído dos tipos de calzado, has hecho bien, así vas sobre seguro. Creo que quiero los tacones, en clase vi cómo ponías los ojos en blanco nada más oírme entrar en clase con ellos, veo que los recuerdas muy bien.- Hice el amago de ponérselos cuando me interrumpió- No no perrito, no puedes ponerme unos zapatos sucios. Estoy segura de que no has desayunado muy bien de los nervios, come un poco limpiando mis tacones. Luego los pies, he tenido que ir descalza a abrirte la puerta, se han ensuciado por tu culpa.

Yo: Si, Ama.- Contesté que sí, pero la idea de lamer algo tan sucio no era agradable al principio. Sin embargo, ver su mirada de placer mientras bebía su café, me hacían poder hacer cualquier cosa que me pidiera. Y lamí la suciedad de sus tacones, los lados primero, y al final la suela, llena de suciedad que metía en mi boca como arena, difícil de tragar. Debió ver mi cara, porque me ordenó que parase.

Ama Laura: Para por ahora, te irás acostumbrando, más te vale, sino será peor para ti. Te guardaré el otro zapato para el desayuno de mañana. Ahora los pies, no están tan sucios, y seguro que lamerías cualquier cosa directamente de mis pies ¿verdad perrito?

Yo: Si Ama.

Ama Laura: Bien, tienes demasiado sucia la lengua, abre la boca que te escupa para limpiarlo.

Yo: Si Ama.-¿Escupirme? La boca se me hacía agua, un acto tan degradante y la par que delicioso, y después irían sus pies, un gran banquete para desayunar, mi polla estaba tan dura que hasta me dolía, aunque algo me decía que el dolor sería aún peor más adelanta, o mejor, depende de cómo se mire.

Así abrí la boca, y ella escupió repetidas veces en mi boca, riendo y tocándome con uno de sus pies mi entrepierna. Cada vez que lo hacia soltaba una carcajada. Juraría que olía su coño y notaba lo húmedo que estaba a pesar de estar tan lejos. Unas simples bragas no podían ocultar el olor.

Con la boca llena de saliva, no le pareció suficiente, y escupió un poco al suelo, para restregrar sus pies en él para “ayudarme” como ella decía. Me dio la orden de cerrar la boca y saborear lentamente su saliva, hasta que me dio la orden de tragar y empezar a lamer. Y así lo hice. La suciedad de su pie no era suciedad para mi, era mi desayuno, y sabía a sumisión y humillación. Aunque pensé que una vez lo probase, quizá mi hambre se fuese saciando poco a poco, sentí que ese hambre exisitiría para siempre, y que necesitaría estar así todos los días. De rodillas, con la boca sucia de limpiar a mi ama y sus pertenencias, excitado continuamente, con los huevos llenos y doloridos, desayunando sus fluidos. Recorrer mi lengua por sus pies llenos de saliva y suciedad me hizo dejar de ser yo mismo, me convertí en un a****l, cada vez lamiendo más rápido y observándola, su mirada… Lo más excitante. No habían pasado ni dos horas, pero ya me sentía su perro y su sirviente.

Los pies ya estaban completamente limpios al cabo de media hora, no se podría decir lo mismo de mi cara, ni de mis calzoncillos, empapados de lo mojada que estaba mi polla.

Ama Laura: Date la vuelta y desnúdate, después quiero que limpies mi saliva del suelo.

Así hice, me di la vuelta, y me quité la ropa lo más rápido que pude, necesitaba volver a saborear su saliva, aunque fuese desde el suelo. Al darme la vuelta para lamer el suelo como un perro, en la mano tenía un tapón anal de un tamaño demasiado grande para un culo virgen como el mío. Además de lubricante.

Ama Laura: Pon el culo bien en pompa y la cabeza bien en el suelo. Voy a coger la cámara, quiero hacer un primer plano de tu culo abriéndose.- Me estaba haciendo fotos sin que me diera cuenta. Al levantarse vi de reojo que llevaba un disparador remoto. La cámara estaba al lado de la cama con un trípode, estaba tan cachondo que no me di ni cuenta. Puso la cámara cerca de mi culo y me separo las nalgas para tomar unas fotos.

Ama Laura: Veo que tienes un culo virgen, eso me servirá mejor para el trabajo. “De virgen a puta” Trabajo realizado por Laura jajajaja. Verás como cambia de tu culo, de estar así de cerradito a llegar a caber una buena polla jajaja.

Temía por mi culo, ella iba a follarme tarde o temprano, y lo haría muy duramente. Dicen que los culos no lubrican, pero puedo asegurar que, aunque tuviese algo de miedo, sentir a una mujer encima de mi follándome duramente el culo, sin que yo no pudiese evitarlo, me mojaba enterito por dentro.

Ama Laura: Primero meteremos este tapón, es suficientemente grande como para abrirte bien el culo y follártelo después de comer.

Empezó a poner lubricante por mi ano y a introducir sus dedos poco a poco.

Ama Laura: Mmmmm cómo me gusta sentir un culo cerradito a punto de ser abierto. Pero el tapón no será nada comparado con lo que te espera después, vas a gritar como una puta y acabarás suplicándome que te folle más fuerte.

Sentí como hacía fuerza para meter poco a poco el tapón. Era trementamente doloroso, tanto que no podía seguir lamiendo el suelo y empecé a emitir pequeños gritos de dolor. Para que no me moviese me puso el pie sobre la cabeza, contra el suelo, y dio un último empujón bien fuerte mientras tomaba fotos y yo gritaba intensamente de dolor, a lo que ella respondió metiéndome el pie en la boca. Pasé un rato con un dolor continuo. Ella trataba de calmarme, aunque la sonrisa no se borraba de su cara.

Ama Laura: Cálmate, te ha debido doler mucho para que esa roca que tenías por polla se volviese tan blanda. Mmmm me ha empapado más aún ese grito que has pegado y ver tu lo bien abierto. Seguro que si lo hueles tu polla vuelve a la normalidad. Toma, huele mi coño, has sido muy bueno, pero sólo huele.

Me cogió de los pelos violentamente y llevo mi cara a su coño. Estaba sentada en la cama, y más que dejarme oler su coño, me estaba follando la cara. Todo su coño húmedo lo estaba pasando por mi cara y estaba gimiendo. Solamente haber llegado a oler su coño hizo que mi polla estuviese dura, pero que me follara la cara me puso tan cachondo que empezó a palpitarme el ano y el tapón comenzó a darme más placer que dolor. No pude evitar gemir un poco e inmediatamente paró. Tenía toda la cara empapada y oliendo a su coño.

Ama Laura: Parece que te gusta lo que te hago, hasta estarás disfrutando del tapón.- Se levantó y se puso detrás de mi. Con su pie empezó a golpear el tapón fuertemente y de mi boca se escapaban gemidos de placer, esa sensación me hacía pensar en lo delicioso que debía ser que me follaran el culo y lo mucho que lo deseaba. Tan sólo había empezado a disfrutar del tapón cuando de repente, paró, y segundos después recibí una patada en los huevos, que me dejó casi llorando en el suelo.

Ama Laura: Eres bueno, pero todavía no tanto como para gimas como una puta, espera a que te folle el culo. Estoy deseando violarte putita. Ponme los tacones y ve al baño a lavarte el cuerpo un poco y relajarte. Estoy abusando mucho de ti para ser la primera vez. Voy a pedir algo de comer.

Me dispuse a poner los tacones en sus deliciosos pies de diosa, no sin antes besarlos. Dejó la habitación dejando tras de sí el aroma de su coño y el sonido de sus tacones. Cuando ese sonido desapareció sentí como si hubiese despertado de un sueño. Fui al espejo a mirarme para comprobar que todo era real, mi cara ligeramente sucia y mi boca casi negra de limpiar la suela de sus tacones. Jamás pensé que haría algo así. Me agache un poco para ver mi culo, sólo verlo hizo que mi culo se estremeciese y el tapón me diera placer. Me metí en la ducha, bien caliente, pero no me lavé la cara, quería seguir teniendo el aroma de su coño en mi cara.

Me sequé y volví a mirarme al espejo, no era Fran, ahora veía al cerdo de Ama Laura, a la puta de Ama Laura, al sirviente de Ama Laura… Mi polla ya descansaba de tanta excitación, y también mi cuerpo, pero aún estaba ansioso, quería bajar cuanto antes y ver qué es lo que me esperaba.

Se oyó el timbre y mi Ama me llamó: Esclavito baja a abrir la puerta, que llaman.- Yo no me esperaba eso, y bajé corriendo, con una toalla que sólo me tapaba de cintura para abajo.

Ama Laura: tienes dinero en el mueble de la entrada.

Yo: Si Ama.

Abrí la puerta, había pedido pizza. Pagué y de nuevo se la ofrecí a mi Ama, como el café, de rodillas.

Ama Laura: Vaya, mira que eres cerdo, no te has lavado la cara para oler a mi coño ¿Verdad? jajaja Me gustas así, bien sucio. Ahora voy a comer yo, tu no vas a comer todavía, ponte a cuatro patas frente a mi, te usaré como mi mesa.

Yo: Si Ama.

La caja de la pizza estaba caliente, era insoportable, por suerte un trozo de pizza que cayó al suelo y mi Ama pisó, llamó mi atención y dejé de pensar en lo que quemaba.

Ama Laura: Como ves vas a comer como un cerdo. Del suelo y de mis pies, lo que yo escupa o te tire. Comerás lo que yo te diga cuando yo te lo diga y como yo te lo diga.

Yo: Si Ama, gracias ama.

Ama Laura: Mmm me gusta que me des las gracias, no eres un cerdito tonto por lo que veo. Ahora come un poco.- Acercó su pie con el trozo pegado que había escupido. Mis fantasías se estaban haciendo realidad. Jamás querría volver a comer de otra manera que no fuera esta. Me dio de comer poco a poco, los trozos que o bien escupía o simplemente tiraba. Yo deseaba que me escupiera todo, pero aún así comería lo que me diese.

Seguía con hambre, no sé si me dio de comer poco o se sintió así. Pero la comida había parado hace rato, y no la veía comer.

Ama Laura: Aún te queda un trozo cerdito, te lo guardo para cenar, junto con el zapato jajaja. Espero que tengas espacio para más, necesito mear y no quiero ir hasta el baño. Túmbate en el suelo y traga.

Me quedé mudo, en cualquier otra situación eso me parecería asqueroso, pero su orina no era algo a lo que tenerle asco, sino algo que debía saborear y adorar gota por gota. Estaba tumbado y con la boca bien abierta deseando beber hasta la última gota. Descendió su coño casi hasta llegar a mi boca.

Ama Laura: No saques la lengua todavía. Todo lo que no te tragues lo vas a lamer del suelo.- Seguidamente me agarró los huevos con mucha fuerza- Me agarro, así no me caigo jajaja

Pesé al tremendo dolor de huevos, abrí bien mi boca y me concentré en bebérmelo todo. Pensé que podría, pero era muy difícil beber así, aunque desee poder bebérmelo todo, no me importaba tener que lamer el suelo de nuevo, me gustaba mucho limpiarlo con la lengua. Su orina sabía mil veces mejor de lo que pensaba, caliente y deliciosa, manchaba toda mi cara y el suelo. Tenía parte de ella dentro de mi, llegados a este punto no sé qué no haría por ella, todo me gustaba, más de lo que pensaba, lastima que tuviese que parar, mi cuerpo pedía más.

Ama Laura: Una pena que no te hayas lavado la boca, quizá te habría usado como papel. Al menos te puedo usar como fregona. Lame el suelo.

Yo: Si Ama.

Ama Laura: No quiero que pares, levanta bien el culo, voy a sentarme encima.

Se sentó encima de mi, mirando hacia mis huevos y mi culo. Yo tenía la lengua pegada al suelo, supuse que observaba el tapón como hacía yo en el baño. Pero no sólo eso, mis huevos también le interesaban. Con una mano los agarró y con la otra les dio un golpe. Yo paré de limpiar por un momento. Y grité.

Ama Laura: ¡No pares! Puedes lamer y gritar al mismo tiempo.- Y me golpeó aún más fuerte como advertencia.

Desde hacía mucho tiempo me había puesto unas cadenas imaginarias con las que me controlaba y no me dejaba elección. Lamía y lamía el pis del suelo para dejarlo reluciente mientras ella me daba golpes suaves y repetidos en los huevos. Eran cada vez más fuertes. Me dolía el estómago y casi no podía seguir. Pensaba en que era suyo y debía aguantar lo que me hiciera, ser un buen juguete para ella y que disfrutase. Me encantaba sentir el calor de su coño contra mi espalda y su mano golpeando incesantemente mis huevos, sin piedad. Mientras como un cerdo limpiaba el suelo de mi Ama con la lengua.

Por fin decidió parar con un golpe que me dejó en el suelo, llorando de dolor. Me permitió ir de nuevo al baño. Ella mismo me preparó un baño caliente para que me preparase para lo “siguiente”. O eso dijo ella. Una buena ama, que me prepara un baño después de darme en de comer y golpearme los huevos. Esto es vida, pensaba.

A los pocos minutos vino vestida con botas altas de cuero y un corsé. En su mano llevaba un collar que parecía ser para mi, al igual que una mordaza.

Ama Laura: Te pondré el collar, te lo has ganado por ser buen perro. La primera vez y aguantas todo lo que te hago. Con tan sólo rogarme que parara quizá lo hubiera hecho. Pero ahora también debo ponerte la mordaza, no voy a dejar que ruegues porque no voy a parar hasta estar satisfecha.

Yo: Si Ama.

Ama Laura: Así me gusta.

Acercó el collar a mi cuello, lo puso bien fuerte, junto a una correa. Luego la mordaza con una sonrisa maliciosa.
Me sacó de la bañera y me hizo seguirla a cuatro patas como un perro. Miré el reloj. Ya eran las 19:07. El tiempo pasó realmente rápido. Pensé que no serían ni las 17:00. La diversión había hecho que el tiempo pasase muy rápido, y ahora venía lo más divertido, me iba a follar con su arnés. En su cuarto estaba todo colocado: Velas, el arnés en la cama, lubricante, y algo que parecía dar descargas eléctricas.

Sin mediar palabra, puesto que no era necesaria, me subió como a la cama, me tumbó bocabajo con las piernas arriba y quitó el tapón. De nuevo la cámara estaba puesta a nuestro lado, de verdad parecía que su trabajo iba a consistir en retratar mi transformación a puta. El aparato eléctrico iba alrededor de los huevos, lo puse y empecé a notar una pequeña descarga. Me miró a los ojos y la intensidad iba aumentando. Pareció que se detuvo justo cuando vio en mi cara un gesto de dolor. Me ató en la misma posición en la que me encontraba y me tapó la cara con las bragas que llevaba antes, bien mojadas y un olor que me hipnotizaba.

Atado, sin poder hablar ni ver, sentí el lubricante en mi culo. Me agarró de las piernas y empujo lentamente su polla contra mi culo, no sabía que tamaño tenía pero se sentía enorme, dolía, algo más que antes, pero no podía hacer nada, estaba completamente a su disposición, era su juguete sexual. Tuvo la cortesía de meterlo lentamente hasta el fondo, momento en el que gemí como nunca. Desde ahí, la sacó del todo y la volvió a meter, algo más rápido, y se detenía un momento para escucharme gemir. El ritmo fue a más, ya no sacaba su polla de mi, me follaba suavemente y me tocaba la polla, estaba tan cachondo que creía que me iba a correr con que me tocase un sólo dedo.

La oía gemir a ella también y con ello aumentar el ritmo. Debió pensar que mis huevos no dolían lo suficiente y subió de golpe la potencia del aparato, grite de nuevo, pero de dolor, y ella gimió de placer y comenzó a embestirme. Sin darme cuenta empecé a gemir sin parar, y ella de vez en cuando me tapaba la boca y la nariz para asfixiarme y ahogar mis gemidos. Mientras me masturbaba con la otra mano, yo no podía aguantar más y empecé a tener ligeros espasmos en la polla. Me iba a correr, pero ella paró justo cuando iba a tener un orgasmo, me quitó las bragas para mirarme a los ojos, y me dejó eyacular sin placer. Me destrozó y me puso más cachondo a la vez. Ella se reía y gemía, mientas parecía penetrarme también con su mirada. Estaba disfrutando más que yo de todo eso.

A pesar de haberme corrido, mi polla seguía dura, aunque más sensible. Mis huevos me dolían, mi culo estaba al límite, mi Ama no parecía cansada. De nuevo cogió mi polla y volvió a masturbarme. No tardé ni quince segundos en correrme, esta vez me permitió tener un orgasmo, y me corrí más fuerte que antes, manchandome de mi propio semen.

Después de correrme, pasada parte de la excitación, el dolor se notaba más. Dejó de follarme pasados lo que parecieron dos minutos. Mi concepto del tiempo estaba muy distorsionado después de todo ese tiempo siendo usado. Abatido y sufriendo el dolor de la electricidad en mis huevos, Ama Laura se quitó el arnés, me quitó la mordaza y se sentó sobre mi cara, yo lamí como un a****l todo su coño húmedo, saboreé y olí todo lo que pude, por si estos momentos no se repetían en mucho tiempo. Me folló la cara violentamente, eramos dos a****les excitados. Mi lengua lamió tanto que me dolía. Noté como todo su cuerpo se retorcía al completo por espasmos y mi boca se llenaba de su corrida y la habitación de nuestros gritos y el calor y la humedad de nuestros cuerpos.

Ambos sudados, descansamos sobre la cama hasta que decidió desatarme. No hablamos nada, todo con miradas. Me permitió ducharme con ella y dormir con ella, no en la misma cama pero si en la misma habitación. Me permitió dormir a sus pies en una cama improvisada en el suelo. Con el collar y el tapón puestos. Antes de dormir mi susurró al oído: Ya eres mi putita, gracias por ayudarme con el trabajo. Buenas noches, puta.

A la mañana siguiente le hice el café, lamí sus pies y me dio desayuno, un tacón sucio y una pizza pisada con ese mismo tacón.

Me fui a la misma hora a la que entré. A las 10:00. Pregunté si volvería a verla, no respondió. Pasó un tiempo hasta que pude verla. Pensé en ese momento en el trayecto a casa. Me tumbé en la cama, muy satisfecho y feliz. Con el culo, la polla y los huevos doloridos, y pensando en lo puta cerda que me había convertido. Y todos lo verían en clase.

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