Sexo bizarro (para mí, no para todos).

Sexo bizarro (para mí, no para todos).
Antes de empezar quiero aclarar algo. No me gustan los gordos y los ositos, todo bien con ellos pero no me atraen como yo no atraigo a mucha gente por flaco. Es una simple cuestión de gustos (y me refiero a gustos sexuales, nada más).

Era verano, era de noche, estaba en Mar del Plata. Había salido con unos amigos a tomar algo y estaba un poco pasado de alcohol (la verdad, es que no lo resisto demasiado). La noche era tibia, no me quería ir a casa y en lugar de entrar al departamento cuando me dejaron en la esquina me fui a caminar un poco. Terminé sentado en la rambla del casino, viendo pasan a muy poca gente por la hora. Fumaba tranquilo y estaba contento.
Cuando me estaba por ir un hombre gordo y algo desalineado (la camisa abierta arriba y abajo) me pidió fuego. Le alcancé el encendedor y noté que me acariciaba disimuladamente la mano.
– Linda noche -. me dijo.
– Si, está linda
– ¿Qué hacías acá?
– Pasando el rato, como está lindo y estoy de vacaciones no me quería ir a dormir.
– Ah, yo me iba para casa, perdí mucha guita en el casino. ¿Vos?
– Nada, no fui al casino.
– ¿No te gusta?
– No mucho, voy una vez por verano como mucho.

Se sentó a mi lado y no dijo nada más. Al rato, volvió a pedirme fuego y a acariciarme la mano. Me empezó a contar que estaba de vacaciones, que hubiera hecho mejor en no ir al casino, que había alquilado un departamento a unas cuadras, que estaba solo.
-¿Vos que hiciste?
– Fui a tomar algo con unos amigos, nada más.

Tal vez que notó que no había respuesta de mi lado fue directo al punto y se apoyó una mano en la verga.
– Creo que la noche no da más que para una paja e irse a dormir.
– Ja ja ja ja esa es la mejor opción a las noches malas, creo que voy a hacer lo mismo.
-¿Por qué no venís a casa y nos pajeamos juntos?

No sé que me pasó, tal vez fue el alcohol que decidió por mí. Pensé: “No me gusta para nada pero, ¿Qué puedo perder con una paja compartida?” Le dije que si.
Llegamos al departamento y nos desnudamos. Nos acostamos boca arriba y empezamos a tocarnos cada uno su verga. No tenía una verga enorme, pero no estaba mal, era normal. Lo que sí, se le paró enseguida igual que a mí.
-Estabas caliente de verdad -. Le dije
-Si, ya vas a ver toda la leche que me sale.

Dejó de pajearse y empezó a pajearme a mí. Yo hice lo mismo. Nos tocábamos las pijas y los huevos.Los dos estábamos a full.
En un momento dejó de pajearme, llevó lo mano a mi nuca y haciendo un poco de presión hacia abajo me dijo si no lo ayudaba con la boca. Lo hice. Empecé a chupársela. La cabeza apoyada en su panza y mi boca llenándose de su pija. Me sentía muy raro, una mezcla de me gusta, me calienta, me desagrada, me siento degradado, casi violado.
-Pará que me vas a sacar la leche.
-Dámela
-Todavía no, quiero que me cojas.

Se puso boca abajo y yo empecé a metérsela. Lo cogí cada vez con más fuerza pensando (sin decirlo): “Tomá gordo, te rompo bien el culo como en el casino, disfrutá gordo puto”. Me pidió que no acabara, así que paré.
– Ahora me toca a mí, quiero cogerte yo.

Se dio vuelta y quedó boca arriba. Yo me senté sobre su pija y empecé a cabalgarlo. Veía su panza y sus pelos y sentía los mismo que antes, esa mezcla de sentirme degradado y disfrutándolo a la vez. Después quiso cambiar de posición. Apoyó mi pecho contra la cama y mis piernas en el piso y volvió a cogerme. Esta vez con más fuerza ya que era él el que lo hacía. Sentía su panza golpeando mis muslos, pero lo disfrutaba a lo loco.
– Te hacías el difícil antes pero como das el culito ahora. No me digas que no estabas buscando pija. ¿Te gusta puto?
– Siiii, -le dije- seguí cogiéndome
-Voy a acabar, ¿dónde querés la leche en el culo o en la boca?
-En la boca -le grité- en la boca.

Me la sacó y me subió a la cama. Quedé acostado boca arriba y el masturbándose con la pija cerca de mis labios. Con mi lengua le acariciaba la cabeza. Al fin al grito de “Tomaaaá puto” me dio toda la leche que me cayó en los labios y un poco en la mejilla. Con la lengua me fui tragando la que tenía alrededor de la boca y el con la pija me metía en resto para que la tragara toda. Me metí toda su pija en la boca para que no quedara nada. Después, me dijo que le tocaba a él tomar leche y empezó a chupármela hasta que le acabé bien adentro de la boca.
-No estuvo mal la noche ¿no?
– No -le respondí.

Cuando me iba para casa sentí otra vez esa mezcla de cosas: “Qué asco, pero que bien la pasé”.

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