OTRA SIESTA… Y ALGO MÁS

OTRA SIESTA… Y ALGO MÁS
Soy de nuevo Diego, bueno, Dieguito para familiares y amigos. Mis siestas de sobremesa con papá acabaron con el verano y la vuelta al cole. Un buen día (mejor dicho, una buena tarde) las pajas con que furtivamente obsequiaba a mi padre terminaron porque este introdujo una novedad todavía más excitante. Fue cuando determinó que ya era momento de dejar de fingir que dormía como un lirón mientras yo se la meneaba hasta acabar corriéndose en mi boca. Mamá seguía con su abstinencia sexual y él cada vez estaba más caliente. Así que aquella tarde calurosa cuando yo estaba en plena faena masturbatoria con el pollón de mi padre, este se incorporó, se sacó el calzón, me cogió por los pies y me retiró bruscamente el slip, y se volvió a tumbar boca arriba haciendo que yo me sentase sobre sus muslos. Agarró su poronga y la mía y empezó a realizar un frotamiento simultaneo, un frottage por el que con una mano pajeas dos cipotes. Yo no salía de mi asombro pero me dejé llevar. En la penumbra aún podía ver su rostro desencajado y oír sus quejidos placenteros mientras meneaba los dos miembros al tiempo. Mi polla no podía compararse por razón de edad con aquella verga descomunal pero tampoco desmerecía. Ya su glande babeaba. Con sus dedos pulgar e índice humedeció con el líquido preseminal mi capullo, lo que me excitó sobremanera. El deslizamiento era mejor y el placer infinitamente más intenso. Mentalmente reté a mi padre a ver quién era el primero en correrse. Él seguía imprimiendo ritmo a la gayola. En cualquier momento descargaríamos toda nuestra leche de los huevos. ¿Quién lo haría primero? Mi padre seguro que se imaginaba que sería yo, un pajero inexperto que apenas sabía controlar sus orgasmos. Pero resultó que fue él el que eyaculó primero. Jadeó, se convulsionó, emitió un sonido extraño y se corrió como un a****l. Su chorro potente y abundante me llegó hasta el pecho. Suspiró, se relajó, sonrió. Pero pronto comprobó que yo seguía erecto. No sé si sintió sorpresa y rabia. Entonces tuvo una reacción imprevisible:
– Córrete en mi boca – me dijo -. Es lo justo después de tantos días vaciándome yo en la tuya.
Me deslicé hasta su pecho, le acerqué mi polla a su boca abierta. Primero me lamió mis huevos lampiños y su lengua llegó cerca del ano. Luego succionó toda la pija en su boca y empezó a bombearla. Primero suavemente, luego rítmicamente. No tardé en correrme dentro de ella. Bebió hasta la última gota, lamiendo el glande hasta dejarlo limpio como una patena.
– Muy rica – aún tuvo valor de decirme -. Tu leche sabe a yogur de vainilla -. Este será nuestro secreto.
– No – le dije empoderado después de aquella situación tan especial -. Nuestro verdadero secreto será cuando me dejes vercómo te follas a mamá.
– ¿Cómo? ¿Te da morbo ver cómo tu madre y yo hacemos el amor?
– A mí lo del amor no me interesa; quiero ver cómo te la follas, cómo la haces gozar como una perra, que pida poronga hasta enloquecer, que la inundes con tu semen hasta las entrañas o que se lo hagas tragar sin desperdiciar una gota.
– ¿Pero no sabes que estamos en cuarentena? Habrá que esperar un tiempo… A no ser que te conformes con ver cómo me trinco a una clienta en el taller.
– ¿A una clienta? – pregunto.
– Sí. Una guarra que no tiene dinero para pagar el arreglo de su auto. Esa se va a dejar follar como la puta que es. Y tú puedes verlo todo escondido. Mañana puede ser el día, ¿qué te parece?

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