Mi antigua vecina. Toda una sorpresa.

Mi antigua vecina. Toda una sorpresa.
Hace años, cuando vivía en casa de mis padres, tenía de vecina a una mujer que, desde que la conocí, siempre me había puesto a tono. Es bajita y bastante normalita, pero con unas tetazas que dejan embobado al más pintado. Además, la ventana de su habitación daba justo enfrente a la de la mía, por lo que más de una vez me quedaba espiando con la ilusión de verla aunque solamente fuese por fantasear y pajearme luego. La relación entre nuestras casas era casi de familia, así como con el resto de vecinos del rellano, por lo que no era raro que cenásemos juntos o que me tuviesen de chico de los recados. Pasó el tiempo y yo comencé a trabajar y a ir en mi coche. Coincidía que pasaba por la parada de bus que ella cogía para ir a su trabajo y un día paré y le pregunté si la llevaba. Lo que fue un ofrecimiento puntual se convirtió en un hábito y la acercaba al trabajo casi todos los días. Siempre he sido cortadito, y aunque intentaba tirarle los trastos me quedaba con las ganas.
Una mañana de sábado llamó a mi casa a ver si le podíamos dejar una llave inglesa para abrir una olla exprés a la que se le había roto la rueda de apertura. Le dije que ya iba yo a ayudarla y me metí en su casa con ella. Allí me puse a intentar abrir la olla y como resbalaba le pedí que la cogiese por delante de mi. Ella llevaba una batita de verano en la que dejaba ver un escotazo desde arriba que me estaba poniendo malo. Además se le había descosido un botón en la parte de la tripa, por lo que se la veía el ombligo también. Con el movimiento para abrir la puta olla ella estaba restregando sus tetas por mis brazos, además de que yo le estaba restregando mi paquete por la espalda (ya dije que era bajita). Al final conseguí abrir la olla y ella se giró sonriendo y me dio un beso en la cara como agradecimiento. Yo me quedé con las ganas de meterle un morreo, pero me corté. Eso si. Ella notó que me había puesto calentito con tanto restregón y haciendo una gracia me dio una palmadita en el paquete diciéndome que se notaba que ya no era un crio. Yo quise ir a más, pero en ese momento entró mi madre, ya que nos habíamos dejado la puerta abierta. Joder. Tuve que conformarme con una paja en mi casa fantaseando con que me la follaba arrancándole la bata. Al lunes siguiente yo pensaba que no iba a llevarla al trabajo, por vergüenza o algo, pero puntual llamó a mi puerta para ver si nos íbamos. En cuanto subimos al coche me soltó que había sido una lastima que entrase mi madre. Pero que quedaba pendiente el tema. Me dijo que pasara por la tarde por su casa, que iba a estar sola un par de horas. Yo flipaba en colores. Y así fue. A la hora que me dijo puse una excusa en casa y me fui directo a casa de la vecina. Ella me abrió la puerta con la misma bata del otro día pero totalmente desabrochada. En cuanto me abrió me cogió de la mano tirando para dentro y cerró la puerta. Se quitó la bata de golpe quedándose en bragas transparentes en las que se veía perfectamente su coño peludisimo. Yo no sabía que hacer, pero llevaba ya una erección que se me salía. Ella me dijo que la cogiera en brazos y la llevase a su dormitorio, que le apetecía que la llevase así y sin pensarlo lo hice. Fuimos a su habitación y la tiré en la cama. Ella me empezó a desnudar deprisa y cuando vio mi polla empinada se tiró a mamarmela como una loca. Follamos durante las dos horas que estuvimos solos. Y me contó que me había visto espiándola por mi ventana y que le hacía mucha gracia que un crio como yo lo hiciera. Así estuvimos un par de años, hasta que me casé y me fui a otro barrio. Dejamos de vernos, salvo cuando yo visitaba a mis padres, aunque ya no hicimos nada.
Han pasado de eso 28 años. Y no hace mucho, tomando un café en un bar del barrio al que fui por trabajo, la vi pasar con sus nietos. Sabía que su marido había fallecido hace un par de años y que ya tenía tres nietos. Lo sorprendente es que estaba casi igual que antes. Ahora tiene 64 años, pero sigue teniendo unas tetas que vuelven loco. Estuve en el bar un rato más y al salir volví a verla pasar. Sin cortarme la alcancé y por detrás la cogí del hombro para gastarle una broma. Se giró asustada y al verme se empezó a reír. Le di dos besos y le pregunté por como estaba. Nos pusimos a charlar un poquito y le dije si quería tomar un café conmigo, que la invitaba. Me dijo que si, pero que invitaba ella en su casa, que estaba esperando que la llamasen del centro de salud y tenía que estar allí. Y nos fuimos a su casa. Al entrar me vinieron todos los recuerdos de aquellos días en los que vivía allí. Me dijo que hiciera el café en la cafetera que tenía en la cocina que iba a cambiarse de ropa. Cuando volvió le comenté medio en broma que pensaba que iba a salir con la bata como aquella vez. Pues aún la tengo, pero ya no tengo el cuerpo para salir con ella. Le dije que era una tontería, que estaba estupenda para su edad. Tu crees? me preguntó. Desde que faltó su marido se había dejado un poco, me dijo. Pues arréglate, que aún estás para espiarte por la ventana, le dije. Ella empezó a reír diciéndome que necesitaba hacerlo, ya que la enfermedad de su marido había sido dura y desde entonces había estado triste. Yo aproveché y fui echando leña al fuego. Estás estupenda. Y seguro que algún hombre bebe los vientos por ti. No se quien se va a fijar en mi, respondió. Pues ahora mismo el que tienes delante está deseando follarte. Pero si tengo 64 años, me dijo. Y que?. Estás para mojar pan. Ella se fue poniendo alegre con mis piropos, y yo, ni corto ni perezoso le dije que la iba a coger en brazos y a llevarla a su dormitorio, como la primera vez. Ella dudó mirando el reloj y yo sin más me abalancé, la cogí en volandas y la llevé a su cama. La desnudé mientras la besaba en la boca. Cuando le quité el sujetador y saltaron sus tetas comencé a chuparlas como un loco. Las tenía más grandes aún!. Me puse en pie y me desnudé yo. Llevaba la polla tiesa y dura y ella me la cogió llevándosela a la boca. Empezó a mamarmela y yo le comencé a acariciar su coño, tan peludo como antes, y en dos minutos se corrió intentando no gritar. La cogí en volandas y se la metí en el coño, follandomela como un loco mientras ella gemía sin parar. Caímos en la cama en cuanto me corrí y continué morreándola y metiéndole mano. Ella quería más y yo estaba muy tieso, por lo que se puso encima de mi y se la clavó gimiendo. Que ganas tenía de hacerlo, me decía al oído. Y se movía sin parar. Nos corrimos otra vez. Entonces sonó el teléfono y salió a atenderlo. Era por la cita del médico. Al volver se me echó encima otra vez y me pidió que le comiese el coño, que desde que lo hizo conmigo de joven su marido no había querido hacerlo. Se lo comí y fui bajando también a su culo. Ella estaba muy húmeda y con mi saliva estaba dilatándole el ojete. Le metí un dedo y luego otro y vi que no se quejaba, por lo que le dije que la iba a follar por ahí. Ella estaba hecha fuego por lo que no me dijo que no, pero que cogiese alguna crema para no hacerle daño, que tenía en el cuarto de baño aloe y otras.
Fui y cogí la primera que ví y volví restregándome crema en la polla. Ella me esperaba con el culo en pompa, por lo que en cuanto llegué, le puse crema en el culo y poco a poco le metí la polla. Ahí si que no pudo aguantar el grito, pero era de placer. Me la follé de forma salvaje mientras le agarraba sus tetas por delante y nos corrimos otra vez.
Después de eso nos quedamos exhaustos en la cama hasta que vimos que era hora de comer. La invité a un restaurante cercano y la llevé al centro de salud a su médico. Nos intercambiaos los números de teléfono y desde ese día no hay semana que no nos veamos y follemos como posesos.
Ella se llama Brigida y me sigue teniendo igual de loco que hace años.

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